¿Cuántas veces ha pedido cebiche y por lo general todos le saben igual? Póngale fin a esa decepción culinaria, pues a México ya ha llegado un restaurante especializado en este fresco platillo, además de pescados y mariscos con un sabor excepcional, digno de satisfacer a los más exigentes paladares.
Se trata de El Segundo Muelle, ubicado en Santa Fe, y que comandado por el prestigioso chef peruano Daniel Manrique Winkler, quien se siente orgulloso al ser México el primer país donde establece la franquicia de su restaurante, y que se especializa en ofrecer platillos frescos, como el cebiche, su deliciosa especialidad.
Este magnífico y amigable restaurante invita a sus cinco sentidos a realizar un viaje imaginario por las costas de Perú. El lugar está hecho para quienes buscan sabores auténticos, gracias a que van más allá de los gustos tradicionales para demostrar el verdadero sabor de ese país sudamericano.
De cómo surgió la idea del restaurante y sus inicios en la gastronomía, Manrique cuenta que todos los veranos durante su infancia los pasó en San Bartolo. Desde los 6 años tuvo la suerte de disfrutar de pescado fresco, gracias a que en la playa sur de ese querido balneario existe, hasta el día de hoy, una pequeña caleta de pescadores, quienes salían a sus faenas desde las 6 de la mañana y regresaban al muelle al mediodía, en donde mucha gente los esperaba para ver qué tipo de pescado habían extraído.
Su madre, quien le enseñó sus primeros pininos en la cocina, siempre elegía el pescado para el almuerzo. Lo que más recuerda es cuando llevaban a su casa las palmeritas, que es la cojinova chica, y las comían enteras y fritas; luego, cuando era la época del pejerrey, lo comían rebozados con ketchup, además del calamar que en esa época salía en abundancia, junto con muchos otros pescados más.
Con el paso de los años su afición por disfrutar de la comida marina creció y comenzó a incursionar en la pesca, pero con redes de nylon, que en esa tiempo fue una revolución porque el pescado caía fácilmente, ya que las presas no veían las cerdas en el agua, a diferencia de las redes de soguilla, de color verde, con las que pescar era más difícil porque el pescado se daba cuenta.
A los 16 años, Daniel y sus compañeros ya pescaban en el Peñascal, entraban remando con sus tablas hawaianas y llevaban la red hasta los sitios donde los pescadores no podían llegar por la bravura del mar y era donde estaba el mejor pescado. Esto implicaba mucho riesgo, pero no para su juventud y esmero. Comenzaban a las 6 de la tarde y las recogían a las 6 de la mañana. Esa fue su fuente de vida y trabajo, ya que parte de la mercancía la vendían y los mejores pescados los separaban para poder disfrutarlo como primera comida del día. Daniel los cocinaba para sus amigos, haciendo cebiche, pescado al horno, sudados, fritos enteros, y muchas delicias más. Las chitas eran las que más destacaban en su mesa.
El Segundo Muelle de San Bartolo fue siempre su fuente de inspiración, pues ahí paraban todos los amigos, ahí corrían olas, y de ahí salían con sus tablas a tirar las redes. Lo mejor de todo es que de ahí salió el nombre del restaurante, ahora convertido en franquicia, la cual ya está en México y en Panamá, lo que le llena de orgullo y a toda esa gente que lo conoce de esa playa y se sienten muy identificados con la historia de su vida.
Hoy en día, gracias a estas experiencias vividas en su juventud, logró sacarle provecho, ya que afinó mucho su paladar y siempre exigió frescura en la comida cuando se trataba de algo proveniente del mar.
Actualmente, sus hijos están recibiendo el legado de la cocina. El mayor de ellos ya está en sus primeros pasos con tan solo 9 años, algo que le llena de satisfacción, pues nunca se imaginó que se iba a interesar por la cocina; se ha vuelto hasta exigente para comer, lo cual es bueno porque sus estándares serán bien altos cuando sea grande.
Un secreto en su vida es que nunca estudió cocina y menos se imaginó llegar a donde están hoy; es autodidacta en el mejor sentido de la palabra. Todo lo que ha aprendido se lo ha dado el mar, se inspiró mucho por él y le debe dar las gracias por todo lo que le ha dado.
Su filosofía de trabajo siempre ha sido y será trabajar conscientemente en lo que uno tiene mucha vocación, en hacer el mayor esfuerzo por desarrollarlo; “lo demás, ténganlo por seguro, caerá por su propio peso”, asegura Manrique.
Por suerte, las oportunidades a lo largo de estos 14 años se le presentaron y él las supo aprovechar. Cuando alguien hace las cosas con pasión nada es imposible, esta es su historia y espera no cambiarla nunca.