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Pasé unos días en Ensenada, en donde visité algunas de las bodegas que allá se encuentran, por supuesto, probé sus vinos y pasé momentos muy agradables con grandea amigos.
Uno de ellos es Víctor Torres Alegre, de Vinícola Torres Alegre y Familia. Es un Ingeniero Agrónomo Graduado por la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo México, con especialidad en Industrias Agrícolas. Titulado como Doctor Ingeniero en Enología y Ampelología por la Universidad de Bordeaux, Francia.
En 1982 encuentró que la temperatura óptima para la elaboración de los Vinos blancos son los 18°C, contrario a los 10°C grados asentados durante décadas por la Universidad de Bordeaux, dicho descubrimiento no fue aceptado sino hasta 2003 sin otorgar ningún crédito a Torres Alegre. Hoy en día, los 18°C grados es la temperatura oficial para elaborar dichos Vinos; Torres Alegre lleva ya casi 30 años elaborando sus vinos a 18°C.
Al día de hoy es el único Enólogo con Doctorado en Enología en México. Lo anterior sumado a su experiencia vitivinicultora ha posicionado sus vinos dentro de los tops internacionales que lo respaldan como juez destacado en importantes concursos internacionales del vino en países como Francia, España, Bélgica, Eslovenia y Argentina, entre otros.
Dentro de su preocupación por el fomento y la proyección del Vino nacional a nivel mundial, actualmente se desempeña como Asesor del “Concurso Internacional Ensenada Tierra del Vino” auspiciado por la UABC. Siguiendo dicho principio en su labor formativa se desempeña desde 2006 como catedrático de la Especialidad de Enología en la Escuela de Enología y Gastronomía de la Universidad Autónoma de Baja California. Además de que año con año viaja a Bordeaux para actualizarse en las nuevas tecnologías y avances científicos dentro de la vitivinicultura para ponerlos en práctica en los vinos de su producción.
Ha fungido como director enólogo, gerente, representante comercial de algunas de las empresas sobresalientes en el ámbito de la enología como Lafitte Cork and Capsule. Seguin Moreau Napa Cooperage, Alain Fouquet French Cooperage, Formex Ybarra, S.A. de C.V, y en vinícolas como Chatêau Camou (hasta 2006) y actual asesor enológico en Barón Balché.
Pero sin duda su compromiso más grande es con su proyecto Vinícola Torres Alegre y Familia, que como su nombre lo dice es auténticamente familiar, ya que todos los miembros de la familia participan en él, con preocupaciones e intereses artísticos que van desde el diseño y el arte de sus etiquetas pasando por la literatura y la gastronomía hasta la música para crear un concepto integral del placer del vino mexicano.
Pero mi viaje no paró ahí, ya que también visité Viñas de Garza, encabezada por Amado Garza.

Con Amado garza y su adorable esposa, Ana Lilia
Su historia de amor con la novia de la universidad lo llevó a dejar de lado la herencia en charrería, proveniente de su familia paterna, para iniciar un nuevo legado en el mundo de la vitivinicultura de la mano de su esposa y ahora de sus hijas.
En su rancho el Mogorcito, este regiomontano de nacimiento, pero enamorado de la tierra ensenadense, buscó un proyecto de retiro para él y su familia, y aunque el plan inicial era que este rancho fuera una casa de descanso, como él mismo lo dice, para no hacer nada, ahora la actividad vinícola impregnan el ambiente y la tierra.
El clima, la vida del valle, la cercanía a San Diego y el ambiente tranquilo conquistaron a este empresario del ramo de la construcción, que optó por construir en su rancho toda la vinícola que en la actualidad produce 2 mil cajas de vino, pero cuya meta es llegar a las tres mil.
La idea no es hacer gran producción, Amado quiere seguir cuidando personalmente, y de la mano de su familia cada detalle del vino que elabora, desde la pizca de la fruta hasta la crianza que es cuidada por su esposa, Ana Lilia.
El legado parece haber conquistado también a sus hijas, pues la menor, Ana Gabriela, ha decidido estudiar enología y trabajar de la mano de Amado en la bodega, mientras que la mayor busca completar el concepto y ofrecer un rincón gastronómico para que puedan acompañarse los vinos de su padre.
Al cuestionarle cual es la forma de definir sus vinos, todo puede concretarse en que son hechos con cariño, cuidados como bebés y con pocas manos para que sea más controlado el proceso, desde el viñedo hasta el embotellamiento y el etiquetado que es hecho a mano.
Amado, al igual que muchos enamorados del vino, se apoya en Hugo D’Acosta para la asesoría en la bodega, pero el amor por el campo que heredó de su familia dedicada a la charrería, le han permitido conectarse con el viñedo y trabajarlo para obtener los mejores resultados.
En el Mogorcito se cultivan aproximadamente 10 variedades, pero dentro de los planes está cultivar otros tipos de uva para ampliar la cartera con nuevas etiquetas.
Amado tiene otro proyecto personal, que es aprovechar un espacio en el rancho para construir otra vinícola que esperará a que su hija Ana Gabriela regrese, para que ella puede iniciar con una nueva línea de vinos.
Hacienda La Lomita
Pasando San Antonio de las Minas; entre los cerros de la comunidad de San Marcos, moviendo piedras de un lado a otro se construyó Hacienda la Lomita. Emprendimiento enológico inaugurado en el marco de las fiestas de la vendimia 2009. Un lugar que habla de familia, de sueños y nobles transgresiones.
La Lomita es una suerte de alquimia donde se entremezclan varios elementos de la cultura arquitectónica mexicana. La fachada exterior remite a esas viejas haciendas que se construyeron en el sur. Presentes están todos los elementos clásicos: marcos en cantera, emplastes de barro, portones de madera, pórticos de herrería y enchapes en piedra laja.
Una vez cruzando la puerta principal se revela el umbral de lo contemporáneo. Elipsis semántica que nos transporta a lo actual. Imponentes lozas de cemento sosteniendo maquinaria de última tecnología, paredes expuestas, elementos reciclados, iluminación atmosférica y arte contemporáneo. Honrramos a la mexicanidad, haciendo evidentes sus lugares comunes y a la vez evitándolos.
Todo comenzó cuando la familia Pérez Castro encontró un rincón escondido en el Valle de Guadalupe, Ensenada, para hacer su casa de descanso; ahí se contaba con dos hectáreas, una de ellas plantada con Merlot.
El rancho Hacienda La Lomita, en honor a la capilla donde Don Juan Ignacio y Marina contrajeron matrimonio. Luego, se creó el logo de La Hacienda influenciado por un cuadro de la pintora hispana Remedios Varo.
Fue en 2005 cuando su hijo Fernando viajó a Europa y en España visitó a Reynaldo Rodríguez (un amigo de la infancia, en Rija Alavesa. Fue en esa reunión que comenzaron los primeros esbozos de la hacienda como vinícola. Ya para 2006, la propiedad creció, se compraron 8 hectáreas más y se plantaron las variedades Tempranillo, Syrah y Chardonnay. Ese mismo año nacieron Pagano y Sacro.
En 2009 se inauguró la vinícola en el marco de las fiestas de la vendimia.
Además cuentan con Tinto de la Hacienda y Espacio en Blanco. Para este otoño esperamos ansiosos el nacimiento de Pagano Reserva y Sacro Reserva.