Conoce a Deby Beard

Mánkora
Deby Béard es la mujer que más impulsa la cultura del vino en México.
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La vendimia, una cosecha de experiencias

Escrito en General por Deby

Sensorial. Ese es el resumen de la última vendimia que organizó Casa Pedro Domecq en el Valle de Guadalupe hace apenas unos días.

Velas, arte, aromas, texturas.

Nada estaba dejado al azar, todo había sido pensado hasta el mínimo detalle. Hasta me animaría a decir que hicieron algún conjuro en la bodega para que el clima fuera excepcional.

Todos los invitados vestidos de riguroso y agradecido blanco (más de 120) recorrian como hormigas los viñedos bajo el potente sol de Ensenada acompañados por los consejos y enseñanzas de Sebastián Suárez el enólogo argentino que lleva las riendas de los vinos mexicanos de Domecq.

Una vez en la bodega, el útero que cobija a los caldos, los sentidos tomaron la delantera. Un camino de velas fue la guía hasta las barricas donde esperaba el mejor hijo de la famillia: el Reserva Magna 2005, una magnífica mezcla de cepas Nebbiolo y Petit Syrah.

Domecq

Mientras aún sus taninos hacían juegos en el paladar, el recorrido siguió con una muestra de 24 pinturas de Cecilia Amaro; obras que maridaban perfecto con el vino Calafia que sirvió la casa junto a una justa dotación de alcachofas, palmitos y espárragos.

Pasos más allá, el plato fuerte del día que seguramente fue una idea de Francois Bouyra, el ceo de la casa: todos los presentes nos cubrimos los ojos con antifaces y nos calzamos pantuflas y comenzamos a vivir el vino de otra manera.

La música de fondo acunaba los aromas que uno a uno ibamos olíendo en un eterno corredor de productos de los que recuerdo especies, frutas, canela, chocolate, mantequilla. Una vez que lograron poner nuestros sentidos en la más alta frecuencia, el equipo de Domecq nos paseó por sus mejores vinos como el Chateau Domecq Blanco y el Cháteau Domecq Tinto y el Reserva Real.

La compañía de estos caldos no podía ser menos gloriosa: ceviches de pescados, langostas de Puerto Nuevo y chocolate como cierre. Mientras el sol caía sobre los viñedos, un lounge al aire libre se convertía en el mejor escenario para despertar la fiesta que tanto preludio había tenido.

Poltronas blancas, telas que se agitan al ritmo de la brisa y música embriagadora.

Así recuerdo la Vendimia 2007 de Domecq: copas en alto, buen humor, baile, brindis.

Una bacanal donde las musas del vino nos levantaron uno a uno y nos hicieron sentir, saborear, vivir y festejar el gusto de amar a los hijos de la uva.

¿Y tú qué opinas?