Rioja: la primera Denominación de Origen Calificada de España

Del vino se dice que es un producto vivo, no sólo porque se produce a partir de una combinación de elementos que abarcan el clima, el terruño, las vides y las manos que las vendimian, sino porque a lo largo de cada una de sus etapas, tal como una persona, va cambiando y evolucionando. No hay región más viva ni representativa de esto que Rioja, que desde 1991 está amparada por la primera Denominación de Origen Calificada de España.


Para Rioja, cada año ha sido una etapa de éxito, liderando los vinos españoles de calidad en el ámbito nacional e internacional, resultado de su constante búsqueda por crear el vino perfecto. Son millones de kilos de uva las que se siembran, vendimian y procesan para que producir los vinos Garantía de origen, Crianza, Reserva y Gran Reserva, en sus gamas de tintos, blancos y rosados.

Rioja es un paisaje que se bebe a sorbos con la misma pasión que sus vinos. Su horizonte infinito se salpica de los tintes verdosos de los viñedos, donde se aprecian las motas verdes, rojas y violáceas de los racimos de uvas. Es la piel de estas uvas la que le dará al vino su color característico, pues una vez que es separada de la pulpa se macera, logrando que se difunda en el mosto, que no es sino el jugo de la uva que se convertirá en vino. Este color obtenido va evolucionando con los efectos propios de la elaboración, como la crianza y el paso del tiempo en barrica.

Entre los vinos riojanos tintos de hermosos tonos están el Portia Roble, con un bello color púrpura; Faustino Gran Reserva, de color rubí con evolución granate; Campillo Reserva, de intenso color rojo cereza; Beronia y su intenso rojo cereza picota. En cuanto a los blancos, están Remírez de Ganuza Blanco y su coqueto amarillo pálido; Gómez Cruzado Blanco, de un brillante amarillo verdoso; y entre los rosados, CUNE rosado es de un elegante color rojo fresa con reminiscencias azuladas.

Para apreciar el color verdadero del vino, debe de servirse en una copa totalmente transparente Riedel, diseñadas así para no haya factores externos que alteren la percepción del vino en los sentidos. Para ser más precisos, se puede poner la copa ligeramente inclinada sobre una superficie blanca que haga contraste con el ribete del vino. La intensidad del color nos da una idea de cómo será su cuerpo, por ejemplo, si es robusto, pero es el matriz es que nos habla de su evolución, que en el caso de un blanco joven será verdoso.

Los vinos riojanos son un verdadero elixir divino que no necesitan razones para beberlos, pues son vinos que convierten cualquier ocasión en el momento especial.

Deby

Author: Deby

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